Una noche, de tantas…, escuchaba en mi desvelo, a uno -de los que pienso es - de los pocos grandes filósofos existente en lo que nos va quedando de mundo, Alejandro Dolina.
De esto, hace algunos años, no tantos, pero sí algunos… los suficientes.
Hablaba con tinte humorístico, aunque tanguero, de lo que significaba en la vida de una persona el dolor de un desamor. Utilizó una metáfora que me encantó, decía que era como ir por la vida con un cuchillo oxidado clavado en la espalda. Es decir, algo molesto y siempre presente. Decía…, es muy incómodo ir al baño y al sentarse en el inodoro inclinarse un poco hacia atrás y zazzz!! El pinchazo de dolor, pues el cuchillo sigue allí.
Esa metáfora, me resulta interesante para hablar de la soledad.
Es una sensación parecida a la del cuchillo, pero la diferencia es que este cuchillo no lleva nombre… No hay ser humano al que honrar con la culpa.
Hay muchas formas de soledad, y creo que la peor de todas es la soledad acompañada. Estar con una persona y tener sentimiento de soledad es, pienso, uno de los peores sentimientos de este planeta.
Cuando la soledad asecha, un río no es vida que fluye, sino un conjunto de lágrimas que en algún lugar del mapa van a dar a la mar, que las engulle, las evapora… las vuelve a llorar. Hablo con la propiedad, que me otorga el haber vivido esa sensación… donde el frío duele, el calor quema, la distancia destroza y la cercanía mata. Lentamente, pero mata. Mata el arte, la creatividad, las ganas…
No es depresión, eso es un capítulo aparte. Es tristeza de saberse solo, hasta con uno mismo. Es no hallarse, no sentirse… Es sufrir de forma apagada, o ser felicérgico (feliz sin razón). Eso es la soledad, para mí eso es “La soledad” desde la esfera del sentir, desde lo humano más íntimo.
Luego, pienso que lo que más suele verse es la soledad como “institución”, o dicho en otras palabras: “Soy a través de”.
Esa forma de ser conlleva quizá a la mayor soledad, porque incita desde lo más paupérrimo, el desencuentro con uno mismo.
“Soy a través de” mi coche que vale ($$$$$) 150.000 euros, o 'a través de' mi vaquero que es Levis, o mis zapatos que son “X”. O mi barrio que no pertenece a la turiferia, o mi marido que es “el re empresario”, o mi título de doctor”. A esto llamo, “soledad como institución”, porque es una soledad impuesta sibilinamente, en la que es muy fácil caer. Además, es terrible, porque todos los objetos definen a la persona..., por lo cual al no tenerlos ésta, deja de existir.
Hace un par de semanas (o más) vi un episodio de “Camera Café” , en el que una de las empleadas de la oficina que siempre va con tacones altos, se le rompe uno, y eso fue como que se le cayera el mundo. Representa muy bien lo que quiero decir respecto de la soledad como institución. La chica de tacones altos siempre es soberbia, trata con cierta altanería a sus compañeros, y cuando se le rompe el tacón, se derrumba…, baja los hombros, baja el tono de voz, acepta órdenes, pide disculpas…, baja las orejas. Se vuelve sincera y explica a sus compañeros de trabajo que ella sin tacones no es nada, se siente una cucaracha, pero que cuando se pone tacones se siente muy importante y más que todos los demás. Al día siguiente, hombres y mujeres van todos con tacones! Está muy bueno el capítulo (Voy a ver si lo consigo).
Representa, o bien ilustra lo que venía diciendo de la soledad…, pienso que socialmente, se inventan artefactos que hacen que se incremente la soledad en la gente.
Y con esto no quiero decir: “Yo no me compro cosas de marca porque a mi la soledad no me pica así nomás”…, o sea, si me gusta un perfume de Dior, me gusta y punto. No va por ahí…
Lo que se convertiría en un problema, es si yo sufro muchísimo… ‘Si no tengo el perfume, no me hallo’, ese es el problema.
Por todo esto, amigos y amigas, pienso que muchas veces, la soledad es como un cuchillo oxidado clavado en la espalda, porque cuando llegás a casa y te sacás toda la ropa, todos los artilugios… y te acostás a dormir, ese maldito pinchazo sigue ahí… Eso es la soledad…
Pienso que uno es –siempre- constructor y construido, en nuestro imaginario social, y en nuestra vida, en términos generales. Por lo cual si esa la soledad aparece y ataca, en parte somos nosotros quienes ayudamos a que eso suceda...
Así que, si estamos a tiempo de identificar de dónde o desde dónde nos nace esa sensación, pensemos y hagamos lo posible por no padecer lo del cuchillo…, si ya no podemos identificarlo… pidamos ayuda, porque pinchando la omnipotencia, o la soberbia, la soledad es pasible de ser ahuyentada, al menos... algún que otro paso.
 |